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lunes, 30 de octubre de 2017

MIGRACIÓN VENEZOLANA A MÉXICO

Hablemos sin tapujos
Los mexicanos estamos viviendo una etapa difícil en nuestra relación con estados Unidos debido al encumbramiento del racismo y del populismo. Nos vemos obligados por las circunstancias a enfrentar presiones internacionales innecesarias; el evidente odio que tiene Donald Trump hacia México nos plantea desafíos económicos pero también geopolíticos y sociales. En lo interno estamos en riesgo de contagiarnos del populismo, el proteccionismo y la regencia caduca de los ancianos que regresan para involucionar al nuevo siglo.

En lo externo debemos enfrentar los flujos migratorios incontrolables no solo hacia Estados Unidos; sino hacia México mismo que ya se siente bajo amenaza por el número de venezolanos que pretende establecerse aquí. Un presente turbulento nos reclama atender de inmediato el problema migratorio que crece y que puede afectar sobremanera la estabilidad y la cohesión social de México.

Permitir la entrada a venezolanos es alimentar un retroceso civilizatorio que en muchos aspectos ha sido superado lentamente por la sociedad mexicana; el venezolano es probablemente el latinoamericano más atrasado en términos educativos, democráticos y culturales. La presencia venezolana crea conflicto ahí donde se establece, tenemos innumerables ejemplos de este fenómeno en países latinoamericanos como Panamá, Ecuador, Perú, Colombia y Chile.

El venezolano a pesar de ser mestizo mulatoide o “blanco saltapatras” es un energúmeno racista, desordenado sucio y malhablado que genera rechazo al exhibir todas sus carencias humanistas producto de años de dictadura y estancamiento social. Las dos últimas dictaduras terminaron de embrutecer a un pueblo que nunca se distinguió por generar intelectuales, ni siquiera de calibre continental; tampoco es un paradigma cultural ni artístico y mucho menos democrático. Podríamos aceptar que esta república petrolera nunca supero la precariedad social con la que nació a pesar de los millones de dólares producto del oro negro.

El venezolano no tiene parámetros que contengan su desparpajo social porque proviene de un paraíso tropical altamente permisivo; no sabe trabajar porque siempre ha vivido del petróleo, no sabe competir porque en una república petrolera la competencia no existe, no está acostumbrado a la disciplina laboral porque viene de una cultura rentista, el venezolano no respeta las normas porque nunca ha sido respetado.

Este tipo de migración llega a México con los estándares sudamericanos con lo cual están incapacitados para afrontar la competencia y el alto nivel de preparación profesional que se requiere en el país; vienen a engrosar las filas de la clase media baja y a presionar en temas de informalidad, delincuencia y hacinamiento.


Estoy convencido que importar racismo y analfabetismo es sumamente dañino para nuestro país, y mucho más en estos tiempos de difícil vecindad en Norteamérica; ¡no está el horno para bollos!

viernes, 19 de agosto de 2011

LA LINEA DIVISORIA ENTRE EL AMOR Y EL SUICIDIO


Habían sido ya tres semanas de infierno, no porque le doliera separarse después de tantos años, sino por el asco que se le atragantaba todas las mañanas  y no le permitía comer, la sola imagen de dos hombres teniendo sexo la enfermaba, no entendía  aquella preferencia que hacía a un lado la suave piel femenina, era el asco verdadero pero también era la confirmación de una sospecha añeja que había eclosionado  a partir de pequeñas inconsistencias y contradicciones, el miedo que toda mujer esconde como una afrenta arrojada al rostro, se había materializado en mitad del denuendo lacrimoso de una confesión, no fue el único crimen que aquella catarsis domestica arrojo como fetos mal nacidos escupidos por una vulva cansada, había decidido que el silencio sellaría   la grietas y resanaría las heridas frescas, pero con los días simplemente se le vinieron encima y ya no pudo levantarse de la cama, y ya no la arrancaron de la cama, la magnesia, el jugo de naranja, el té de yerba buena, la marihuana, el vodka, las pastillas para dormir, nada funcionaba, solo quería dormir un poco y saber qué es lo que tenía que hacer cuando despertara. Evitando la line divisoria entre la desesperanza y el suicidio.

SANGRE ENVENENADA


SANGRE  ENVENEDADA
Que me había dejado de querer; ya lo sabía. Que no tenía el valor para decirlo; lo gritaba con los ojos. Habíamos llegado al punto donde los silencios expresan más que las palabras. Volvería a ser la mujer solitaria que soñaba con morir en el mar, pero que importaba si aquella era una de esas noches de terciopelo negro hechas para llorar. Pudo haber sido solo otra despedida de no haber tenido yo la sangre envenenada. Con el último beso le corte la garganta; la noche se hizo más ancha y guardo silencio; me quedo en la boca el sabor de la despedida mezclado con algunas lágrimas.

jueves, 28 de julio de 2011

SOMOS LEGIÓN (TERROR)

SOMOS LEGION
Cerro la puerta de la habitación, se pasó las manos por el pelo revuelto y exhalo liberado. Toda la excitación sexual que lo enloqueció una hora antes había desaparecido; solo quería meterse bajo las sabanas y dormir. En el trayecto a la cama, lo detuvo la imagen de sí mismo en el espejo del armario, su piel desnuda adquiría en la sombra el tono azul del plenilunio,  pensó en la carnación de los muertos y en la luna proyectándose a través del balcón. Amaba en secreto la forma de su cuerpo; contemplarse desnudo le devolvía la vida; se sabía un egoísta. Se metió en la cama dispuesto a quedar dormido en los próximos minutos, bocarriba su mirada transitaría por las vigas añosas de la construcción colonial avenida en hotel de paso, alcanzaría con la imaginación los detalles del mobiliario que la penumbra difuminaba y soñaría con las historias improbables que en ese espacio habían nacido, tal vez historias de putas o de asesinos. 

Recordó los ojos profundos de la mujer que acababa de despedir en la puerta, aun percibía en su pecho el olor a maquillaje, la imagino muerta de frio, parada en la misma calle donde la conoció, sintió lastima y se quedó dormido. Entre sueños escucho unas risas que dispararon su instinto de conservación, al abrir los ojos alarmado, se dio cuenta que la sombra era más intensa y  que las risas eran casi imperceptibles; si la prostituta había regresado y estaba jugando a los escondites, como había podido entrar cuando él había asegurado la puerta recorriendo el pestillo. De un salto brinco de la cama, prendió la luz y abrió el armario, las risas habían callado y en el armario oscilaba, como un péndulo, un gancho de ropa tan vetusto como el hotel. Desconcertado miro en derredor, se asomó al balcón;  la profusa utilería de las calles más viejas de México guardaba silencio. No sabía que en las azoteas los gatos se movían entre lóbregas apariciones  y olían el miedo, tampoco sabía que él era el único huésped alojado en el hotel imperial. Aseguro la puerta nuevamente, apago la luz y regreso a la cama. 


Con la cabeza sobre la almohada recordó la mueca siniestra del recepcionista sin dientes cuando le daba la llave. Sintió un escalofrió que lo hizo temblar. Apenas hubo cerrado los ojos percibió una respiración profunda que se hacía más presente a cada segundo; si era la respiración de un hombre o un animal, no lo tenía claro; sin embargo, el terror lo paralizo cuando se percató que aquello que respiraba se encontraba bajo la cama, sin valor para moverse, o correr, o huir, intentó poner orden a los acontecimientos y dotarlos de una lógica, sorpresivamente vino a su memoria uno de los hombres que jugaban cartas en la recepción, el único que se distrajo del juego y les miro por un rato, mientras él y la prostituta esperaban la llave del cuarto. Recordó que al subir las escaleras, el hombre lacónico con los ojos muertos, le dijo algo que no comprendió, _somos legión.

La única respuesta coherente, se esforzó por convencerse a sí mismo,  era que la mujer había regresado y que estaba bajo la cama, que le jugaba una broma, o que le quería robar. Mas enojado que temeroso, hurgó con los brazos ahí donde pensó encontraría a la sexoservidora; sintió un cuerpo suave; lo sujeto con fuerza y lo jaló fuera de su refugio; era el cadáver de la mujer con quien había llegado. Se tambaleo intentando alcanzar la salida; golpeo el apagador eléctrico pero las luces no encendieron; a tientas encontró el pestillo y la manija de la puerta sin conseguir que se abriera,  la respiración de la bestia se había hecho más intensa y la sentía atrás de él. El aliento caliginoso de uno y legión se acercaba cada vez más; No se atrevió  a voltear.

Germán Raúl
México D.F
gerzaty@hotmail.com