lunes, 12 de octubre de 2015

LAS PROVINCIAS PERDIDAS

La verdad es que el mito de los estados con aspiraciones independentistas ha sobrevivido y colmado la fantasía de  virreyes provincianos y de pueblerinos resentidos contra la gran ciudad. No solo pasa en México sino en todo el mundo; sin embargo, en nuestro caso, solo por labor social es necesario  parar el desenfreno mental de adolescentes y analfabetas que plantean la existencia de separatismos regionales en México.
Para empezar en este país no hay un solo estado que cobre impuestos, los impuestos los cobra la federación y los reparte en todo el país, lo cual es muy cómodo para los gobernadores que solo reciben dinero para gastar sin el menor esfuerzo; tampoco existe el estado que pueda sobrevivir con los impuestos que pudiera recaudar por sí mismo; se dice que si el Estado de México considerado el más rico del país se independizara, su estatus económico como nación sería el de un país centroamericano con muchos problemas.
Para independizarse se requiere de sociedades activas políticamente, bien educadas, exigentes y convencidas de los beneficios económicos que obtendrían al separarse del país; eso no existe en la provincia mexicana donde yace en muchos lugares el atraso educativo y cívico de la sociedad. Muchos ni siquiera son capaces de controlar a sus gobernadores ni de organizar a sus municipios, ni de procurarse lo mínimo que exige un país; seguridad. Mucho menos podrían fundar una nación. El hoyo económico del México de hoy son los gobernadores de los estados que no tienen quien los audite y los controle. La crisis de gobernabilidad que vive México es causada por los gobernadores provinciales.
El mexicano culto, informado, exigente, vive en las grandes ciudades y es en estas donde se promueve la integración económica y social de todo el país más que su división, por la simple razón que las ideas separatistas así como los regionalismos  son distractores y manipulación política de caciques locales sobre sus poblaciones ignorantes.  Ni California y Texas que por sí mismas son economías enormes encuentran beneficios reales al separarse de estados unidos por la sencilla razón que su poder reside en formar parte de un todo; así lo entendió Europa y formo la comunidad europea. La misma Cataluña corre el peligro de convertirse en el país más pobre de Europa si logra su separación de España.
La inversión extranjera que llega a los estados es por las ventajas que representa el ser mexicano; por la sinergia que genera el compartir  puertos, universidades, carreteras, recursos humanos calificados, certidumbre jurídica, una cultura común; lo que le da valor a cada región de México es ser parte de México.

Con nuestra historia trágica de haber perdido más de la mitad de nuestro territorio, el plantearse la idea de un estado con aspiraciones separatistas es traición a la patria, traición a México. El valor que tenemos como mexicanos es el que surge de nuestra unidad, de nuestra historia compartida, de nuestra cultura común, de nuestro orgullo de llamarnos mexicanos, del idioma secreto que solo nos pertenece a nosotros y que nadie más comprende, de nuestra música y nuestro arte, de nuestro sentido del humor, de nuestra comida y nuestros sueños.

LAGRIMAS EN TLANEPANTLA

El espectáculo del fin del mundo recorre las calles de México.

Tlanepántla a las 9 de la noche. Era muy joven y muy delgado, me mostró su rostro, sus ojos tristes, su boca seca que era una grieta de salitre. Calzaba sandalias, me hablo con un acento lejano pero familiar. Me pidió una moneda para comprar agua y comida. Al mirarlo quede petrificado cuando vi que el emigrante centroamericano traía todo el fulgor de mi ciudad contenido en el brillo de una lágrima.

Tlanepántla es una orilla en el valle de México, es industrial y muy urbanizado. Posee anchas avenidas, modernos puentes y un tren suburbano de primer mundo. Este lugar no es una estación más en el largo camino de la bestia, es el primer punto de encuentro del emigrante centro y sudamericano con el mexicano de la gran ciudad.  

La fragilidad del joven migrante me lastimo al contraste con la inmensa soledad del bulevar Reyes Heróles; seguro en Honduras no sabían que las noches en el valle de México son heladas e imposibles de soportar con una playera delgada. En el salvador debían desconocer que la geografía mexicana es un desafío que no se puede afrontar en sandalias. En Guatemala seguro ignoraban que las calles del México industrial son enormes y poco transitadas.

Al darle una moneda al migrante, pensé en el país tropical que se quedaba atrás, pensé en alguien que lo esperaba en Tegucigalpa, me preguntaba por quién se atrevía a cruzar medio continente, que nombres guardaba como único valor en su mochila, con quien soñaba en El salvador, como iba a resistir el olvido de Nicaragua. Pensé en los mutilados por el tren, en los devorados por la bestia, en los extorsionados por el crimen organizado. Pensé en mis hermanos mexicanos obligados en el pasado a lo mismo.

El migrante recibió la moneda y me dijo _ gracias mexicano. Entonces se alejó en dirección de la noche chilanga en la cual lo mire diluirse entre las luces citadínas.
Al abordar el tren suburbano me surgió la certeza que entre nuestras vidas difíciles, las terribles son aquellas que el dejar la patria nos convierte en un eslabón de una cadena infame de ausencias. Entre Ferrería y Buenavista me di cuenta que las afrentas nacionales, los odios infundados, las consideraciones raciales valen madres cuando ante tus ojos se revela el espectáculo del fin del mundo: la migración que separa familias, que rompe países, que genera soledad, que nos condena al olvido.

Centroamérica no superara por si misma todos sus dramas, por humanidad los mexicanos tenemos que hacer algo.

Buenavista 9:45 p.m. La noche previa a navidad. México 2013.



EL MEXICANO Y LA GRAN CHINGADA

La más grande de las palabras mexicanas no tiene traducción literal pues más que una palabra es un sentimiento. Traducirla, domesticarla y apropiarse de ella requiere tiempo y conocimiento del alma. Además de expresar intención y estado de ánimo, la chingada provee de identidad y patria. Cuando el extranjero adquiere los secretos y el manejo de esta palabra con certificado de origen, adquiere la nacionalidad mexicana, la categoría de igual y la capacidad de fuego para enfrentar a otro mexicano.

La palabra mexicana más grande puede hacer referencia a cantidad, un chingo; a calidad, una chingoneria; al desprecio, una chingadera; a una amenaza, me los chingo a todos; a una desilusión, ya se chingo el asunto; a la derrota, ya me chingaron; a la desesperación, me lleva la chingada.

Las palabras sagradas en el universo mexicano tienen la fuerza vital de un  joven  apasionado, fluyen con el poder que tiene la sangre en un ritual milenario, tienen la capacidad de consagración de la mexicanidad. La chingada lleva en su fonética explosiva el filo de la obsidiana que abre el pecho para extraer el corazón.

La palabra mexicana más grande puede hacer referencia a la duda de paternidad: ah chinga, a poco es mío, ni se parece a mí este bebe; también puede ser una recomendación entre amigas: no te dejes engañar, aunque tiene cara de angelito es un chingaquedito. Puede ser una advertencia materna: con una chingada que te este quieto o te doy otro pellizco. Puede hacer referencia  una decepción femenina: es un chingon pero tiene una chingaderita. También puede ser un lamento clasista: porque chingados me subí en Pantitlan, entre tanto naco me chingaron el aifon.

Puede ser una despedida definitiva: te me vas de puntitas a la chingada y no regreses hasta que ganemos un mundial.  Puede ser un momento para la victimización: me agarraron a chingadazos y yo no les hice nada. Puede ser un reclamo matrimonial a media noche: no me chingues, lo que sea que este debajo de la cama, está roncando. También puede ser un momento para la autoayuda: no tengo trabajo, me dejo mi novia, peso cien kilos, pero no me voy a suicidar porque yo, yo valgo un chingo.

La palabra mexicana más grande levanta tolvaneras, impone el silencio, eleva la presión arterial, atrae las miradas, destruye al mundo y lo vuelve a construir. La chingada crece en todas sus formas y advocaciones en sincronía con la intricada alma mexicana, vive cargada de electricidad, es una herida abierta.

Con toda su grandeza expresa nuestra historia en un grito, el grito único y sagrado de la patria: viva México hijos de la chingada.



EL MARICÓN MAS AMADO EN EL PAÍS DE LA DUALIDAD ESQUIZOFRENICA

El mexicano, a diferencia de otros, es muy apegado a lo propio porque lo suyo le habla sin intermediarios directo al corazón. Es en el arte popular donde mejor se refleja de modo masivo el dialogo intimo que se establece entre el mexicano y su creación artística. Y es Juan Gabriel el artista arquetípico de esta característica mexicana del mismo modo que, convertido en un clásico, lo es José Alfredo Jiménez.
El mexicano sucumbe a los intérpretes de su música; pero los intérpretes y autores como Juan Gabriel y José Alfredo trascienden los niveles sociales, las barreras generacionales y  el estatus educativo por la simple razón que poseen el dominio de los códigos arcanos del alma mexicana. Ricos y pobres, cultos y zafios, al filo de las emociones o en la cotidianidad plana, todos respondemos al llamado del arte que nos identifica.
El arte de Juan Gabriel es pícaro y festivo como lo es el mexicano en sus fiestas; pero también es desgarrador y amargo como somos ante la perdida y el olvido. Las canciones de Juan Gabriel son la banda sonora perfecta en muchos momentos de nuestra vida porque los mexicanos reímos y lloramos muy parecido; nos gusta vestir o decorar a nuestro dolor con el mismo entusiasmo que picamos papel de colores para el festejo. Nos gusta despedirnos con una canción y dar la bienvenida bailando. El arte de Juan Gabriel y el corazón de los mexicanos se mueven al mismo ritmo.
Los conciertos de Juan Gabriel están hechos para el gusto barroco de los mexicanos que vibran con la orquestación sinfónica y la densidad coral que acompañan a sus canciones populares. Para muchos los conciertos de Juan Gabriel son la ocasión para cantar y bailar en el fantástico mundo de los colores mexicanos para después decir adiós, llorar y ver lo solos que nos sentimos en nuestro laberinto.
El arte de Juan Gabriel convoca a mirreyes y palurdos, a machos y jotitas, a santos y meretrices, a intelectuales y roqueros; se dice que en su último concierto en Bellas Artes solo la CONAGO reunió a un mayor número de gobernadores. Se sabe que la clase política en México y los narco traficantes también comparten el gusto por Juan Gabriel. De hecho se dice que al momento de capturar a la TUTA una canción de Juan Gabriel fondeaba el ambiente. En este mismo sentido alguien calculo que en un concierto en la vegas, con motivo de las fiestas patrias y del día de independencia, la fortuna de los millonarios mexicanos ahí reunidos representaba el segundo poder económico de américa después de Estados unidos.

Muy pocos pueden hablar directamente al corazón de los mexicanos, y muchos menos pueden hacerlo con la intensidad y exuberancia que lo han hecho José Alfredo Jiménez y Juan Gabriel. Se dice que el mexicano es un pueblo sensible al arte, pero hipersensible ante su propia creación artística. Con lo cual no podemos sino sorprendernos del poder económico y político que acumulan sus verdaderos artistas.

EL CHOLEO PERUANO UN COMPLEJO DESCOMUNAL

La peruana más peligrosa tiene la capacidad de romper autoestimas para siempre, de convocar al desprecio y desangrar con él al contrincante. Es evanescente como el alma pero pegajosa como el sudor de la costa. Siempre está al acecho preparada para degollar a quien se presente. La peruana más peligrosa es asesina múltiple; se mueve como adjetivo, descansa como sustantivo y brinca como verbo. En todo el mundo hispánico, como esta peruana, no hay igual.


El choleo se dice que nació, para no variar, como insulto despectivo de españoles hacia los nativos de Perú o su descendencia. Cholo era el perro más corriente, y cholo el hijo del negro y la india. Cholos eran los depositarios de la mugre, la ignorancia y la pereza, como cholos eran la mayoría en el virreinato del Perú.

Mugrosos ignorantes y perezosos los españoles, odiadores de sí mismos y de los demás, siempre proyectaron sus propias carencias en los conquistados americanos.

En la actualidad el poder inaudito de esta palabra no tiene comparación con ningún otro en la lengua española. El choleo denota odio y desprecio, niega derechos y clasifica en castas, lastima porque es una daga que va directo al corazón de un pueblo que se tambalea en los temas de identidad. Cholear es el acto racista que se ejerce contra la propia raza pues choleadores y choleados pertenecen al mismo universo genético a pesar de las aparentes diferencias étnicas.

Se cholea al recién llegado de provincia, al indígena, a los pobres, al mestizo porque el único acto desesperado que permite sentirse a salvo es la antropofagia por gradación de colores. En el ábside de las pasiones el peruano no putea a la madre ajena como nosotros los mexicanos, sino que cholea en un grito que vuelve al otro perro callejero, espurio, serrano o cholo motoso.

El peruano cholea porque ha sido víctima histórica de la brutalidad colonial y de la oligarquía mestiza como pocos en américa, no porque sea blanco y racista; ha obrado en él lo que en psicología se conoce como identificación con el agresor: choleamos porque hemos sido choleados durante quinientos años.

El peruano como el resto de los sudamericanos busca inconscientemente en la raza una superioridad que nunca ha tenido. La fantasía de ser europeo y conquistador aun domina la mente colonial de muchos en el sur del continente. Los dominados aspiran siempre a ser como sus dominadores, se dice. Tal vez los mexicanos hemos apenas descubierto con asombro este rasgo sudamericano que nos confunde y nos aleja.

La peruana más peligrosa es una simple palabra que tiene el poder de romper amistades, de llamar a la guerra, de sumir en la depresión, de sacar los cuchillos. Puede justificar un crimen e identificar a un presidente. Puede ser un lugar y una industria; Cholibud; o puede referirse a la chola más grande de todos los tiempos: Laura Bozzo.


sábado, 2 de mayo de 2015

LOS FANTASMAS DE MARSELLA

LOS FANTASMAS DE MARSELLA


No saben que surgieron del daño colateral que trae consigo la conspiración de la soledad y el olvido. Tampoco saben que están muertos ni que el siglo veinte concluyo pero no la guerra. Son los habitantes de la casa más antigua de Marsella en la colonia Juárez. Sus pasos no se escuchan, sus gritos son murmullos, sus cuerpos se desvanecen como si fueran suspiros. No saben que son presencias evanescentes. Ignoran que son fantasmas y que han estado tristes durante muchos, muchos  años.

MIREL



Cerro la casa, vendió el negocio, quemo las cartas, se corto las venas.

Las fotografías de una vida se disolvieron entre el agua escurrida de la tina y el vapor encerrado en el baño. El rostro de una mujer madura con impermeable azul que sonreía a pesar de la tarde gris (seguramente helada), fue la última imagen que desapareció del papel fotográfico.

Soñé que Efrén venia por mi  montado en un caballo blanco. Se veía como un príncipe, aunque yo sabía que para un cadáver era imposible cabalgar.  Llegaba desde una calle ancha colmada de jacarandas enormes. No había en su rostro, sino una sonrisa divertida y unos ojos negros que jugaban a encontrarme. Desperté amándolo con la profundidad que nace en el mismo rango que el instinto: era feliz, aunque no fue consciente de ello cuando estaba junto a él.

Mirel se desangró sin darse cuenta, justo como lo había planeado, con ausencia de dolor, sumergida en agua tibia, evocando la única relación de que fue capaz hasta la edad de cuarenta y cinco años.


MI MADRE



Yo quería un matrimonio, una casa bonita, una camioneta, dos niños hermosos y un marido entregado. Si, quizá también amor. La vida perfecta fue la fantasía que colmo los insomnios y las horas tristes de mi adolescencia.  No sé si añoraba porque era una mujer depresiva o porque había perdido algunos afectos desde muy chica. Crecí en esta casa, jugando en habitaciones que nadie habitaba, perdida en el mundo fantástico de los hijos únicos, extraviada del mundo exterior. De mi padre herede lo callado, su vocación de fantasma, su cobardía. De mi madre tal vez la falta de resignación. Aquellos años de mi infancia se resumen en una dinámica sin fin en la cual mi padre se desvivía por hacer feliz a mi madre  a través de insignificantes detalles que pensaba importantes para ella. Mi madre simplemente lo odiaba. Hoy que la recuerdo entiendo que vivía en un universo silencioso, de sueños asesinados. Como los malvones del patio se secó en la espera de la lluvia que nunca llego. Un día, como era de esperarse, mí madre se fue; simplemente abrió el portón y se marchó; si se fue loca, si se fue cansada, no lo sé; lo único que recuerdo es que dejo el portón de par en par; abierto como una herida en la mano. Quizá  un día regrese y podamos hablar de ello. Mi padre y yo seguimos atados  a esta casa inmensa; yo engordando y el envejeciendo; ambos mirando televisión.

miércoles, 31 de julio de 2013

PERUANOS ODIAN LA COMIDA MEXICANA

PERUANOS ODIAN LA COMIDA MEXICANA

Planteamiento cultural previo
El presidente Peña Nieto pidió una lista de aspectos relevantes de cada país latinoamericano que formaba parte de la gira continental que como presidente electo de México realizaría; su intención era hablar acerca de estos y enaltecer los logros de los países de la región. La respuesta lacónica de los asesores fue que en Latinoamérica no había realmente paradigmas de trascendencia para México; se le aconsejo hacer referencia a lugares comunes y a ser políticamente correcto con todos. Peña Nieto así lo hizo y su gira por la región fue un éxito; Sin embargo la recomendación más útil y más profunda se la dio un famoso poeta argentino residente en México desde hace treinta años, le dijo: las dos principales diferencias que tiene México con respecto a la mayoría de los pueblos latinoamericanos son que este no sucumbe ni rinde pleitesía a lo europeo; y la segunda y más conflictiva la personalidad de adolescentes tardíos que prevalece como rasgo nacional en los países al sur de México; no sabemos si peña nieto comprendió al poeta pero de todos modos le sonrió amablemente y le regalo un fuerte abrazo.

En este contexto la anécdota de los peruanos, sus seis millones de firmas y la UNESCO, podrían tal vez reflejar esta mezcla de adolescencia y chovinismo con que los latinoamericanos se plantean su relación con México.

La anécdota
A partir del momento en que la UNESCO declaro a la comida mexicana como patrimonio intangible de la humanidad en Perú se levantó una ola de críticas, descalificaciones, ninguneos y hasta ofensas contra la comida mexicana; el más famoso eslogan surgido de esta indignación fue el “QUE TIENE LA COMIDA MEXICANA QUE NO TENGA LA PERUANA”.  Acto seguido al surgimiento del fervor nacionalista, líderes de opinión, artistas periódicos y programas de tv lanzaron una ofensiva mediática para que la UNESCO reconociera del mismo modo a la comida peruana: “con el ceviche más delicioso del mundo y con más de 850 variedades de papa” la cocina peruana tiene que ser considerada como patrimonio de la humanidad, al infinito y más allá.

Se convocó a la gente que firmara una petición a través de internet concitando de inmediato una respuesta masiva que logro juntar más de seis millones de firmas; entusiasmados el pueblo y el gobierno encomendaron  a un grupo de funcionarios cercanos al presidente la tarea de llevar hasta la UNESCO las firmas y  el pedido formal en nombre del pueblo peruano.

Con frialdad burocrática la Unesco hizo de lado el requerimiento de los peruanos y en su lugar, de modo paternal,  se les invito a los funcionarios un café en alguna sala de juntas pues existía la necesidad de explicar algunos detalles concernientes a los patrimonios intangibles de la UNESCO. Nadie suponía que con el legado histórico del Perú sus dirigentes estuvieran tan mal informados.

Así, en un ambiente de amigos se les dijo que la UNESCO no se basaba en firmas para declarar patrimonios; que no era un concurso de internet para elegir la abandera más bonita o las nuevas maravillas del mundo; que los patrimonios intangibles están respaldados por años de investigación, documentación, publicaciones, estudios etnográficos, antropológicos y hasta organolépticos; se les dijo también que son necesarias  instituciones dedicadas completamente a ellos que conserven, divulguen y protejan estos acervos únicos a nivel mundial.

Con respecto a la comida mexicana se les informo que existe todo este conocimiento realizado por investigadores nacionales y extranjeros desde hace 60 años  abarcando desde la protohistoria en Mesoamérica hasta la cocina de Pujol, en México el entramado de instituciones detrás de la cocina mexicana es amplio y sólido. Agregaron que fue el mismo proceso con el mariachi; si en algún momento la tradición mexicana de las piñatas alcanza este nivel de investigación, difusión y documentación  en todas sus vertientes también será considerada como un patrimonio intangible de la humanidad. No son ocurrencias de la frivolidad.

Para terminar y en razón de evitar la utilización del tema como manipulación política, se les recomendó a los funcionarios que informaran al pueblo peruano sobre la complejidad de esta valoración. También se habló de compromisos culturales y acciones concretas por parte del gobierno e instituciones para respaldar una petición de este tipo; se dijo que de la comida peruana no tenían conocimiento ni siquiera de un proyecto de mediano alcance.

El desenlace
Los funcionarios peruanos jamás informaron a su país de lo hablado en la UNESCO; y mucho menos mencionaron la pifia cometida; en su lugar especularon que a más tardar en el 2013 la UNESCO reconocería a la comida peruana lo que no ha sucedido hasta el momento ni sucederá.  

El tema dejo de ser noticia en los medios de comunicación y la valoración de la comida peruana al día de hoy se diluye lentamente entre bravatas chovinistas y reivindicaciones vacías.

viernes, 19 de agosto de 2011

LA LINEA DIVISORIA ENTRE EL AMOR Y EL SUICIDIO


Habían sido ya tres semanas de infierno, no porque le doliera separarse después de tantos años, sino por el asco que se le atragantaba todas las mañanas  y no le permitía comer, la sola imagen de dos hombres teniendo sexo la enfermaba, no entendía  aquella preferencia que hacía a un lado la suave piel femenina, era el asco verdadero pero también era la confirmación de una sospecha añeja que había eclosionado  a partir de pequeñas inconsistencias y contradicciones, el miedo que toda mujer esconde como una afrenta arrojada al rostro, se había materializado en mitad del denuendo lacrimoso de una confesión, no fue el único crimen que aquella catarsis domestica arrojo como fetos mal nacidos escupidos por una vulva cansada, había decidido que el silencio sellaría   la grietas y resanaría las heridas frescas, pero con los días simplemente se le vinieron encima y ya no pudo levantarse de la cama, y ya no la arrancaron de la cama, la magnesia, el jugo de naranja, el té de yerba buena, la marihuana, el vodka, las pastillas para dormir, nada funcionaba, solo quería dormir un poco y saber qué es lo que tenía que hacer cuando despertara. Evitando la line divisoria entre la desesperanza y el suicidio.

SANGRE ENVENENADA


SANGRE  ENVENEDADA
Que me había dejado de querer; ya lo sabía. Que no tenía el valor para decirlo; lo gritaba con los ojos. Habíamos llegado al punto donde los silencios expresan más que las palabras. Volvería a ser la mujer solitaria que soñaba con morir en el mar, pero que importaba si aquella era una de esas noches de terciopelo negro hechas para llorar. Pudo haber sido solo otra despedida de no haber tenido yo la sangre envenenada. Con el último beso le corte la garganta; la noche se hizo más ancha y guardo silencio; me quedo en la boca el sabor de la despedida mezclado con algunas lágrimas.

martes, 2 de agosto de 2011

LA HACIENDA DEL SOTO



En mil años la maleza lo envuelve todo, la tierra se acumula y cubre los objetos, los metales se herrumbran y disuelven, la madera se descompone en una materia pastosa y regresa al suelo. El vidrio se hace arena y la ropa se convierte en polvo; en mil años el fuego se ha consumido muchas veces y el viento lo ha barrido todo hacia el mar; en mil años solo permanecen las piedras y el olvido. Con estos dos materiales, la piedra y el olvido, se levantó el Soto, la hacienda más rica de México, en cuyos muros de cantera rosa escurre la huella parda de trecientos años de tormentas y sequias. Una hacienda construida para durar mil años y preservar la memoria de los constructores de un imperio.

En los linderos de un valle cantalinoso, una arquería semicircular de proporciones enormes, marca el acceso  al patio central del Soto; desde ahí se llega a la escalinata que precede la entrada a la casa de esta estirpe poderosa y longeva. Esta construcción se extiende en un abrazo amplio en forma de u, en cuyos extremos se levantan, como centinelas, dos torres almenadas de piedra caliza. El piso superior muestra ventanas de arcos de medio punto y dinteles profusamente ornamentados. En el arquitrabe de las puertas interiores, los rostros esculpidos de las pegásides y las gorgonas se agrietan sin terminar de desprenderse. Un camino de piedras de rio parte del costado izquierdo de la casa hacia los tinacales y el troje que se encuentran a medio kilómetro de esta; las calpanerias para los trabajadores y los macheros para los animales de tiro, pertenecen al casco de la hacienda que descansa como un cadáver descomunal en la parte opuesta de la arquería de la entrada.

En la parte más alejada del acceso principal, las raíces de los chopos estrangulan la arquitectura de las naves vacías en cuyos espacios abiertos hoy crecen ahuehuetes y malvas purpuras; ahí donde se almacenaron semillas y pernoctaron revolucionarios, crecen en maridajes improbables glicinas y pitayas, o helechos y oyameles, en un jardín regado por las lluvias de mayo que, lo mismo disuelven la memoria física de los difuntos, que se encharcan sobre el piso de tezontle azul de los salones virreinales. Las columnas que aún quedan en pie, están cubiertas con madreselvas y buganvilias silvestres; en el rellano de la escalera monumental hacen nido los tecolotes y entre los visillos de la balaustra barroca de la capilla, crece la yerbabuena y se incrustan los caracoles.

Durante los últimos días del siglo diecinueve los techos ardieron y las bóvedas se vinieron abajo; de entre sus escombros brotan las rosas negras que la gente llama luto de Juárez; aunque realmente no son flores negras; sino más bien purpuras.  a veces, cuando la calma se extiende más allá de la cordura, se escucha en los establos y el zaguán, a lo mejor también en los ranchos, un lamento que se alarga hasta consumir el aire que le da vida; si es un lamento de dolor o de tristeza, es imposible de discernir para las urracas pintas y las perdices de Moctezuma que son los únicos testigos vivos de este fenómeno. Quizá sea que los secretos de los señores del dinero viejo, aun flotan en el aire adquiriendo la naturaleza de los murmullos fantasmales, o que de la boca de los endriagos tallados en cantera verde, no solamente brotan ristras de campanelas salvajes. Con la caída de los siglos, los caminos a la hacienda se cerraron, el nombre de los amos se olvidó, la naturaleza reclamo su dominio, y las rosas negras cubrieron por completo las ruinas del soto.

Germán Raúl
México D.F 2011
gerzaty@hotmail.com